Nuestra casi cinco veces centenaria ciudad tiene que mirar al futuro.
Hace más de una década en la confluencia de dos ayuntamientos – el priísta de Salvador Abud y el independiente de Alfonso Martínez – se elaboró un documento de “gran visión” un plan a 25 años (2016 – 2041) para la ciudad de Morelia que se llamó NEXT, acrónimo de nueva economía por territorio, y que con una filosofía llamada Territorios Inteligentes plantea una ruta de futuro para la ciudad. Desde entonces han transcurrido dos quintas partes, el 40% del tiempo del plan y éste ha avanzado lentamente y a tropiezos.
Claro que hay algunas victorias Morelia NEXT, como el nombramiento de Ciudad Creativa, el desarrollo de la Policía Morelia, las peatonalizaciones del Centro Histórico y los parques lineales, pero algunas otras iniciativas siguen congeladas. El desarrollo de los parques agroindustrial, al Sur, y logístico, al Norte, están lejos de concretarse, el pasar de turismo a destino de calidad de vida y de ciudad de estudiantes a ciudad de conocimiento y economía digital (4.0) se ven aún más distantes.
Otros temas, los urbanísticos también están marcados por claroscuros. La densificación como política pública no avanza, el despoblamiento ya no es un problema exclusivo del Centro Histórico y la dispersión continúa impulsada por obras públicas sacadas del modelo suburbano del siglo XX, en que avenidas que tardan más en construirse que en saturarse se llaman progreso y modernidad.
El modelo urbano de Morelia, como el de muchas otras ciudades mexicanas, es un motor de la desigualdad, con su concentración de empleos distante de la concentración de vivienda, un transporte deficiente y la dispersión y alejamiento de servicios como salud y educación, fuerte especulación sobre el suelo urbano y precariedad en muchos servicios públicos, además de que la urgentísima agenda ambiental sigue siendo algo cosmético y de paisajismo más que un conjunto de soluciones basadas en la naturaleza, como es la tendencia de vanguardia frente al cambio climático.
Y no se me malentienda. Alfonso Martínez ha sido un buen alcalde que entregará una ciudad mejor que la que recibió, incluso con la noche negra del trienio de Raúl Morón en medio de sus tres administraciones, pero los retos de cambiar el curso de una ciudad de casi un millón de habitantes requieren más que la voluntad política y la pericia de un presidente municipal. En Morelia nos falta un mejor consenso sobre el futuro y mecanismos de gobernanza que permitan que el interés público se anteponga a los incontables intereses privados, que no por legítimos deben regir el desarrollo de la ciudad, pues son parciales.
Antes de concluir su tercer periodo de gobierno, Alfonso Martínez le puede hacer un servicio más a Morelia: relanzar el plan de gran visión. Con la misma fecha, el año del quinto centenario, ahora más próximo, y con cuatro ideas muy claras como meta: prosperidad, justicia social, paz y resiliencia ambiental. Para nuestra ciudad no hay mejor regalo que construirle futuro, ella, siempre generosa, nos lo devolverá en forma de vida de calidad.




