El eslabón mas débil en el andamiaje institucional del sistema político mexicano es el municipio a pesar del maravilloso poema constitucional del articulo 115 donde se establece que “los Estados adoptarán, para su régimen interior la forma de gobierno republicano, representativo, popular, teniendo como base de su división territorial, y de su organización política y administrativa, el Municipio Libre.”
No hay cosa tal como Municipio Libre. La trágica muerte de Carlos Manzo a manos de algún sicario presuntamente vinculado a la delincuencia organizada, exhibe de nueva cuenta la triste realidad política que vive nuestro país y el riesgo que corren los actores políticos locales.
El municipio en general no tiene capacidades reales para cumplir con su función constitucional.
En materia de seguridad púbica no le podemos exigir resultados por atribuciones que no le asigna la Constitución. Los ayuntamientos terminan siendo el eslabón perdido, el más débil y vulnerable en un sistema en el que simplemente tendrían que ser una instancia de primer contacto de la seguridad pública.
Ese primer contacto tiene una función más disuasiva, de control, vigilancia y prevención de actos delictivos. Sin embargo, los ayuntamientos institucionalmente carecen de las capacidades logísticas para enfrentar el reto mayúsculo del crecimiento en la delincuencia organizada.
Para empezar, de unos años a la fecha el crimen organizado se ha vuelto un negocio que extrae renta de múltiples ámbitos de la vida social, cultural y económica. Es una especie de pulpo cuyos tentáculos alcanzan casi todos los niveles de producción y generación de riqueza, de manera que los cuerpos de seguridad pública municipal se encuentran inertes, desvalidos ante el fenómeno que, dicho sea de paso, ha crecido en todo el mundo, no sólo en Michoacán.
A pesar de lo que dicen bien las leyes en la materia, las corporaciones se encuentran en gran desventaja en materia de armamento. Es obvio que no compiten con los arsenales que se encuentran a merced de quienes delinquen.
Este primer ámbito debería ser objeto de una revisión cuidada y minuciosa para entender el origen de esas armas. ¿Por dónde entran? ¿Quién las proporciona? No somos productores de armas. Seguramente hay un mercado multimillonario de venta clandestina de todo tipo de armamento, algunas de las cuales vienen de uno de los principales productores en el mundo que son los Estados Unidos.
La provisión de estas armas es responsable de una buena parte de la violencia en el país.
Ahora bien, supongamos que se le entregan más armas y provisiones a los cuerpos municipales de seguridad pública para que atiendan cabalmente su tarea de preservar preventivamente el orden, tendríamos que asumir el compromiso de capacitarlos en el uso de los mismos.
Este segundo ámbito, el de la capacitación y adiestramiento es central en cualquier aspiración a defender a la población. Ya no sólo de la delincuencia, sino en asuntos de emergencia, accidentes, auxilio por desastres y otras tareas que en los hechos, se esperan del primer ámbito de contacto en seguridad.
Esta capacitación debería, desde hace mucho tiempo, haber logrado construir a nivel nacional cuerpos profesionales, entrenados en logística, inteligencia, prevención pero también en la promoción y defensa de los derechos humanos, porque la lógica es que defiendan a la población de cualquier amenaza a su bienestar.
El tema de la logística claramente rebasa en materia de inteligencia a los ayuntamientos, quienes apenas tienen para proveer de los instrumentos básicos de patrullas, armamentos, equipos tácticos y de comunicación.
Aunque la ley establece la creación de Concejos municipales e intermunicipales o regionales, en la practica son poco funcionales por el alcance operativo y de fuerza que tienen en la realidad.
No están bien pagados y no tienen los incentivos necesarios para evitar ser a traídos a las garras de la corrupción. Está claro que un individuo amenazado y con pocas capacidades de fuerza, aislado, no enfrenta a quienes tienen más y mejores armas para delinquir.
Si además no tienen expectativas de una buena jubilación o incentivos para su familia de vivienda, apoyo escolar, seguros de vida, la consecuencia es una rotación alta que termina tirando por la borda cualquier capacitación
Por otro lado hay que reconocer que el negocio de las drogas se volvión de honestidad, hay muestras al por mayor de sucedido y que, a pesar de que muchos elementos se mantienen firmes en su convicci enorme. Creció de manera exorbitante el consumo de todo tipo de estupefacientes, lo cual condujo a una disputa ya local por el negocio. Es prácticamente imposible que dentro de esa gran tajada de dinero, la tentación no llegue a los mandos policiacos.
No es justo generalizar, pero es claro que ha sucedido y que, a pesar de que muchos elementos se mantienen firmes en su convicción de honestidad, hay muestras al por mayor de casos de cooptación, amenazas e involucramiento con la delincuencia.
Hay tanto dinero a repartir y se ha generado una gran psicosis por las amenazas, que el eslabón de la seguridad municipal está absolutamente endeble. La Constitución dice que el municipio es libre para administrar su gobierno, hacienda y seguridad municipales pero no tienen dinero para hacerlo.
Los ayuntamientos recaudan poco para tener suficientes ingresos propios y prácticamente la totalidad de la tributación se va a las arcas federales que, si bien es cierto los regresa a manera de programas diversos, estos son insuficientes para obra, gasto corriente y encima mantener un esquema suficiente de seguridad pública.
Cualquier plan para mejorar nuestra condición actual, pasa por un nuevo sistema que realmente prepare y capacite corporaciones de seguridad pública municipal.
Está claro que las fuerzas federales e incluso el ejército están limitados en su alcance y organización. Necesitan bases locales de información, apoyo e infraestructura.
Coordinación y atención al municipio son palabras clave de cualquier estrategia que quiera ser exitosa. Vamos a ver que dice el nuevo Plan Michoacán.




