La Universidad Michoacana es desgarrada por una disputa ciega de poder y dinero.
Entre los malvados todo es visto como un botín. Tristemente, es el caso de todos los actores de poder en el entorno de la Universidad Michoacana, que sólo ven ella un potosí de presupuesto y privilegios a conseguir.
De nuevo Morena: su voracidad y su ausencia total de escrúpulos se conjuntan para arrasar con otra institución. Ramírez Bedolla se las arregló para imponer a quien era su secretaria de Educación como rectora, y cuando ella rompió con el mandatario, se desató la actual disputa por su sucesión, la cual ha involucrada de forma nefasta al Congreso del Estado, reformas legales con intensiones ocultas, denuncias de juicio político, amparos, albazos y una larga lista de bajezas políticas.
En el capítulo más reciente de esta novela turca, la rectora usó al Consejo Universitario para aprobar un reglamento en un auténtico sabadazo y que incluye una lindura: aplazar la elección del siguiente rector hasta el 2027 (cuando el actual gobernador y los diputados ya no estén), mientras un interino a modo. Ilegal y torpe.
En respuesta, el Congreso hace una reforma igualmente atropellada para postergar la elección por votos del rector hasta el 2031 (cuando la actual rectora ya no esté) y revivir a la antes satanizada Comisión de Rectoría que dejo de parecerles mala en un parpadeo a sus detractores. Ilegal y torpe.
Mientras en los medios se cruzan insultos y amenazas, la Universidad, contrario al dicho de la rectora, ha entrado en paro indefinido, fiel a su tradición de que cualquier “solución” de un problema empieza con un paro indefinido, en perjuicio de alumnos, investigadores y proveedores indirectos de la vida universitaria, y por supuesto, en demérito del prestigio y la dignidad de una institución que no para de dar tumbos, pero que vive una de sus más agudas crisis, aunque se niegue.
Como se hizo con el INE y con otras instituciones, las huestes de Morena no tienen prurito alguno para transformar al estado mismo en un botín. El modus operandi es invariable: colocar personajes incapaces pero incondicionales a cumplir consignas políticas a cambio de encabezar el saqueo presupuestal hasta que generan una crisis. Suena conocido, ¿no es verdad?
Hoy la ruta de salida del conflicto en la Universidad es poco clara, pues entre la emisión de normas deficientes y los medios jurisdiccionales poco idóneos para dirimir la controversia, aunado a la espantosa politización de todo el tema universitario, el resultado es de pronóstico reservado. Todos, especialmente la rectora, juegan con fuego y mientras, la Universidad, bien gracias.




