La ética, la empatía y el respeto a la dignidad humana no son un traje que se viste únicamente de lunes a viernes en el Congreso ni un discurso que solo se activa frente a las cámaras oficiales.
El debate sobre la integridad en el servicio público volvió al centro de la conversación tras la difusión de fragmentos del podcast “Descasadas”, conducido por las diputadas de Morena en Puebla, Nayeli Salvatori y Grace Palomares. En la emisión, las legisladoras recurrieron a burlas y comentarios despectivos sobre el aspecto físico y el olor de las personas adultas mayores, justificando posteriormente sus dichos bajo el argumento de que se trataba de un espacio personal, de entretenimiento y fuera de su agenda legislativa.
Sin embargo, pretender escudar la conducta personal en la «libertad del ámbito privado» expone una profunda contradicción. Intentar dividir la postura oficial de las acciones cotidianas es una falsa dicotomía: la ciudadanía no vota solo por iniciativas de ley presentadas en tribuna, sino por la congruencia, los valores y el criterio de sus representantes.
Cuando en el discurso institucional se abandera la protección a los sectores vulnerables, pero en los espacios de esparcimiento se vulnera la dignidad de los adultos mayores mediante la mofa, no se trata de un simple “error de contexto”. Es, en los hechos, una manifestación de doble moral.
Ser servidor público implica una responsabilidad permanente. La representación popular exige coherencia las 24 horas del día, y el respeto hacia la ciudadanía dentro y fuera de la función pública, no puede quedar sujeto al lugar en el que se encienda un micrófono.



