¿Alguna vez te has detenido a pensar si lo que consumes realmente pertenece al lugar que lleva su nombre?
En la cultura popular existen mitos que hemos aceptado como verdades absolutas, pero la geografía y la historia tienen otros datos.
Aquí te presentamos cuatro de los casos más comunes que demuestran que las etiquetas cotidianas nos han hecho vivir en el error:
Enchiladas suizas
Aunque el nombre evoca los paisajes europeos, este platillo es 100% mexicano. Nació en la Ciudad de México, en el emblemático café Sanborns de los Azulejos. El origen del nombre es puramente visual: la gran cantidad de queso y crema derretida sobre las tortillas les recordó a los cocineros la nieve de los Alpes suizos.
La montaña rusa
Las estructuras modernas con vías de acero y carritos, tal como las conocemos hoy, se perfeccionaron y patentaron en Estados Unidos y Francia. Lo más curioso de este caso es el choque cultural: mientras en occidente las llamamos «rusas» (por unas rampas de hielo que se usaban en Rusia durante el invierno), en Rusia este juego mecánico es conocido formalmente como «montañas americanas».
La galleta de la suerte no nació en China
Es el cierre clásico de cualquier comida asiática, pero las galletas de la suerte son una invención totalmente occidental. Su origen moderno se disputa entre San Francisco y Los Ángeles, en California, Estados Unidos, a principios del siglo XX, inspiradas originalmente en un bocadillo tradicional de Japón, no de China.
El enigma del perro Chihuahua
Si bien la raza fue redescubierta y popularizada a finales del siglo XIX en el estado norteño de México (lo que le dio su nombre oficial), los historiadores señalan que sus ancestros, los perros techichis, ya eran criados por las civilizaciones tolteca y azteca en el centro del país siglos antes de la existencia del estado actual.



