CdMx. En el discurso oficial, la instrucción ha sido tajante: «en México no se permitirá el fracking». Sin embargo, la reciente mención sobre la explotación de yacimientos no convencionales en el Plan Energético Nacional ha encendido las alarmas de expertos y ambientalistas.
El dilema radica en una realidad física innegable: no se puede acceder a un yacimiento no convencional sin utilizar la fracturación hidráulica (Fracking).
La trampa de los conceptos técnicos:
Para el ciudadano común, los términos pueden parecer ajenos, pero la diferencia es vital. Mientras que los yacimientos convencionales son «bolsas» de hidrocarburos que fluyen naturalmente, los no convencionales están atrapados en rocas sólidas (lutitas) que deben romperse a presión. Esta técnica de ruptura es, por definición, el fracking.
La polémica surge al buscar la soberanía energética explotando estas vastas reservas ubicadas principalmente en el norte del país, mientras se mantiene la promesa de proteger el agua prohibiendo la técnica necesaria para extraerlas.
Hasta el momento, la administración no ha aclarado si se implementarán métodos alternativos (como el fracking seco) o si habrá una modificación legal.
Por ahora, el término «no convencionales» abre una zona gris que pone a prueba la coherencia de la política ambiental frente a la urgencia económica de producir más gas y petróleo en suelo mexicano.




