Jaime Darío Oseguera Méndez
El resultado electoral del fin de semana anterior en Coahuila donde el PRI ganó todas las diputaciones de mayoría al Congreso Local, ha causado gran revuelo entre la clase política nacional.
Los únicos estados de la república donde actualmente conserva el PRI la gubernatura son Durango y Coahuila. Así sucede al menos desde que el tricolor fue un partido dominante en su nacimiento hace un Siglo. Señaladamente Coahuila es la única entidad donde no se ha dado la transición de partidos en la gubernatura.
Son varias las razones y reflexiones con las que se puede explicar el resultado. Es cierto que cada elección es diferente, como son los estados y sus circunstancias; su historia y cultura electoral. Sin embargo de este resultado podemos rescatar algunas constantes, concomitancias que son ejemplares para el momento político que vive el país.
En los lugares donde los partidos gobernantes mantienen cierto nivel de cohesión, tienen muchas más posibilidades de éxito. Esa lección no es sólo para el PRI sino una lectura general de los partidos.
En el tema de la organización interna, el PRI parece haber entendido en Coahuila de la necesidad de repartir las posibilidades de triunfo entre los diferentes actores, grupos políticos regionales y liderazgos, que garantice la participación de todos.
Las dirigencias no son un negocio político personal, familiar o de pandilla. Ser la cabeza de un partido nacional o local no es una concesión para que los gráciles dirigentes hagan lo que les de su gana, incluido destrozar a su partido.
La unidad real de un instituto político no reside en los discursos sino en la acción política conjunta, incentivar la competencia y respetar el consenso, que también es democrático. En Coahuila parece que la propia necesidad los hizo reflexionar y saber que ganar a través de la unidad real ha sido su única opción.
También hay un elemento central en el trabajo político de Morena. Apenas se puede entender que habiendo una estrategia nacional de gobierno con programas de acción y organización política, Coahuila es el único estado donde no han tenido éxito electoral.
Tal vez tenga que ver con el resultado de la elección a Gobernador hace unos años. Se saborearon la victoria y se regodeaban los bigotes, pero desde el nivel central impusieron un candidato que rompió con la lógica de toda la organización y su cohesión interna.
El puntero en las encuestas fue relegado de la candidatura por una decisión bastante cuestionable y designaron burdamente, desde el centro, al amigo del Presidente.
Por supuesto que el hecho hizo perder a Morena la gubernatura y provocó
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ecir un resultado contund una fractura que parece mantenerse hasta la fecha.
Es muy emblemático ver que en todos los distritos, casi todos los candidatos de Morena perdieron dos a uno. No fue ni por mucho una elección cerrada y tal vez sea el presagio de lo que puede pasar en la gubernatura próximamente.
En todos los resultados electorales influye la evaluación al gobierno en turno. Al menos aparentemente se atribuye al gobernador Manolo Jiménez, encabezar un gobierno cumplido, con buenos niveles de aceptación y sin mayores señalamientos de corrupción. Las elecciones terminan siendo en muchos sentidos una confirmación de apoyo o revocación del mandato del gobierno en turno.
Lo cierto es que quienes ganaron tienen seguramente una base electoral, porque en todos los distritos triunfaron contundentemente.
Es interesante y causa hilaridad, la queja de Morena en Coahuila que es la de la oposición en todo el país: acarreo, compra de votos, coacción, corporativismo, presiones para inducir el voto, etc.
El régimen político electoral no ha cambiado en México. En el fondo sigue teniendo señalamientos en todos lados sobre prácticas antidemocráticas e injerencia de los gobiernos en el desarrollo del proceso. Como antes.
Se sigue hablando de compra de votos y uso de recursos públicos. Entonces ¿Ha cambiado el régimen? Parece que se perdió la gran oportunidad de lograr una reforma electoral de fondo que cambie las condiciones de competencia política y la haga más equitativa. No será este año.
Llama la atención la desaparición casi total del PAN que obtuvo menos del tres por ciento de la votación. El PRI consiguió la mitad de los votos y Morena el 20 por ciento. Fuera de los dos, ningún partido obtuvo el tres por ciento de la votación estatal, por lo que Verde, PAN, PT, Movimiento Ciudadano y los partidos locales, todos están en riesgo perder el registro.
Habrá que analizar si ese es el futuro electoral del país, con menos partidos políticos y elección polarizada entre el gobierno y la oposición. La elección de Coahuila no da para tantos análisis ni se trata de jugar al prestidigitador pero sí perfila una condición política importante para el partido gobernante, para la oposición y para el sistema en su conjunto: puede haber sorpresas y resultados diferentes de los esperados.
El resultado de Coahuila no es presagio nacional. Verlo así representa un error, pero siempre es necesario voltear a ver los procesos políticos y sus particularidades porque nada es para siempre.



