Ayer vivimos el 8M

Yurisha Andrade Morales

Las movilizaciones y diversidad de expresiones que testificamos ayer, a propósito del 8M, nos recuerdan la lucha de las mujeres para construir una sociedad libre de violencia y para alcanzar sociedades donde nuestros derechos y las oportunidades para acceder a cargos públicos sean iguales que para los hombres en la letra de la ley, pero esencialmente, en la realidad de nuestras sociedades. La conmemoración del Día Internacional de la Mujer, es mucho más que la celebración de una fecha mundial estatuida por la ONU desde 1977 y es, también, un momento propicio para reflexionar sobre diversos aspectos que atañen a la vida de las mujeres, razón por la cual, dedico mi reflexión semanal a revisar el problema de desafección política entendida como una construcción social que se aprende y se reproduce, pero que igual puede revertirse.

Sabemos que el momento que vivimos se caracteriza por una profunda transformación digital y el desarrollo de la interconexión mundial que no tiene límites, donde la inteligencia artificial y la automatización son sus principales herramientas. Pronto veremos la normalización del uso de robots para atender servicios específicos en centros comerciales, la adquisición de mascotas que no tienen vida, pero que actúan como si la tuvieran y el más amplio desarrollo y uso de estrategias militares y de todo tipo, diseñadas y operadas por IA, como está ocurriendo en los conflictos bélicos que ahora se desarrollan.

Estamos en un momento de gran soledad humana que nos hace coexistir en el mundo enajenante de las redes sociales y del uso masivo del internet; en la etapa de alejamiento de los políticos y sus partidos de las personas a las que representan y gobiernan y de éstas de sus representantes populares y gobiernos, los cual amplía la desafección que tenemos de lo público y sus instituciones. Vivimos con desencanto y desinterés por la política, sin identificarnos con los políticos y sus proyectos. Los resultados de las elecciones así lo demuestran y evidencian el alejamiento de las urnas, con altos índices de abstencionismo.

Ya me he referido, en entregas anteriores, al Índice de la Democracia que presenta la Unidad de Inteligencia Económica, cuyo reporte de 2024 señala que en el mundo se observa una tendencia sostenida de retroceso democrático, con una puntuación promedio global de 5.17, inferior al 5.23 registrado en 2023. Conforme con sus números, las democracias plenas representan apenas el 15% de los países y más de un tercio se encuentran bajo regímenes autoritarios. Un 52% de los latinoamericanos (sin incluir Nicaragua) apoya la democracia, lo que significa un aumento de cuatro puntos porcentuales en relación con 2023. Para el caso de México, el apoyo a la democracia se incrementó en 14 puntos porcentuales, ya que de 2023 a 2024 aumentó del 35% al 49%. Recordemos que, en 2023, el 33% de las personas encuestadas en México, apoyaba la posibilidad de establecer un gobierno autoritario. Este dato disminuyó 9 puntos porcentuales en 2024, para situarse en 24%, mientras que, en Venezuela, hubo un aumento de 4 puntos porcentuales, al pasar del 13% en 2023 al 17% en 2024.

Estos datos son útiles para la reflexión. Veamos: si la desafección por la política aumenta sobrevienen efectos como el debilitamiento de los pesos y contrapesos democráticos, se abre una vía peligrosa para la concentración del poder en un solo grupo o partido o, lo que es peor, en una sola persona, al tiempo que la transparencia y rendición de cuentas en el manejo de los recursos públicos se disminuye poniendo en peligro a la democracia. Múltiples estudios demuestran también que la desafección puede revertirse si se fortalece la cultura cívica de la población y se fomenta la participación ciudadana, a grado de convertirla en un contrapeso legítimo al ejercicio del poder.

Aquí es donde la lucha de las mujeres por alcanzar la igualdad sustantiva cobra vigencia y su participación se vuelve fundamental. La lucha por alcanzar esa igualdad frente a los hombres ha permitido que los congresos ya se integren paritariamente y que 13 gubernaturas y la presidencia de la república estén ocupadas por mujeres. El 8M nos sirve para no invisibilizar hechos de violencia recientes, por ejemplo, los feminicidios ocurridos en días pasados en la Universidad de Morelos, pero también, para avanzar en el fortalecimiento de una cultura cívica que consolide nuestra participación en todos los asuntos de la vida colectiva. A mayor participación ciudadana de las mujeres, mayor control del ejercicio del poder, menos violencia y más democracia.    

 Magistrada del Tribunal Electoral del Estado de Michoacán

@YurishaAndrade

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