En el imaginario popular, el sexo ideal suele describirse como un acto impulsivo, inesperado y cargado de magia instantánea. Sin embargo, en la vida adulta contemporánea dominada por el estrés laboral, la crianza, el uso constante de pantallas y las agendas saturadas la espontaneidad en la pareja suele ser la primera víctima del cansancio.
Ante esta realidad, una tendencia cobra cada vez más fuerza tanto en la terapia de pareja como en las conversaciones cotidianas: agendar el sexo. Pero, ¿se trata de una solución práctica para mantener encendida la chispa o de un trámite frío que termina por extinguirla?
Lo que dice la gente: El temor a la rutina
Para un amplio sector del público, la sola idea de programar un encuentro íntimo en el calendario del teléfono, junto a la cita médica o la reunión de trabajo, resulta poco romántica.
La principal resistencia radica en el estigma del «deber ser». Muchas parejas perciben la planificación como un síntoma de que la relación se ha enfriado o que ha perdido su frescura natural, temiendo que la cita se convierta en una tarea pendiente dentro de la lista de pendientes del día.
Lo que dice la ciencia: El valor de la intencionalidad
Desde la perspectiva de la sexología y la psicología de pareja, la visión es radicalmente distinta. Investigadoras y especialistas de renombre internacional en salud relacional señalan que esperar a que el deseo «simplemente surja de la nada» en relaciones de larga duración es un mito poco realista.
El deseo responsivo de Emily Nagoski: La educadora sexual y doctora en salud de la Universidad de Indiana, autora del aclamado libro Come as You Are, explica que en las relaciones de larga duración el deseo espontáneo disminuye para dar paso al deseo responsivo. Este no nace de forma automática, sino que requiere de un contexto previo, un espacio deliberado y la desconexión del estrés cotidiano para activarse.
Intencionalidad según Esther Perel: Por su parte, la célebre psicoterapeuta de pareja y ensayista autora de Mating in Captivity / Erotismo en parejas, sostiene que la pasión duradera no es un accidente, sino una decisión. Enfatiza que el erotismo requiere intencionalidad y que planificar la intimidad no destruye el romance, sino que protege un espacio sagrado dentro de la rutina para evitar que la fatiga termine por desplazar la conexión física.
El factor anticipación: Lejos de apagar la pasión, agendar un espacio para la intimidad activa la expectativa. Saber con antelación que habrá un tiempo exclusivo para la pareja genera coqueteo previo y estimulación mental a lo largo del día, lo que favorece la liberación de dopamina antes del encuentro.
Mientras la evidencia científica y clínica como las de Nagoski y Perel defienden que la intencionalidad y la planificación son herramientas clave para sostener la complicidad a largo plazo, la percepción cultural sigue debatiéndose entre la fantasía de la espontaneidad y la realidad del día a día.
Y tú, ¿qué opinas? ¿Consideras que ponerle fecha y hora a la intimidad destruye el romance, alguna vez has agendado una cita con tu pareja para proteger la pasión?
La decisión y la última palabra la tienes tú.




