Alejandro Carrillo Lázaro
Debe ser curioso analizar cómo la política, aun siendo la misma, tiene diferentes caras para distintos escenarios. En Michoacán, por ejemplo, mientras un conjunto de policías limita la entrada de grupos normalistas al primer cuadro de la ciudad. Los políticos, es decir, quienes toman decisiones, suben las escaleras del Teatro Matamoros con alfombra roja con motivo del Festival de Cine. Por otro lado, en la salida a Pátzcuaro, miembros de una comunidad deciden cerrar la circulación como protesta de la tala inmoderada, provocando así el colapso de una ciudad en materia de movilidad, donde a cada peatón, conductor y usuario de transporte público la política le ha puesto uno de sus tantos rostros.
No es que se descubra el hilo negro; lo cierto es que causa angustia que la disciplina orientada a los resultados y a la atención social se limite al maquillaje y al trabajo de gesticular. Es la misma política, la misma que en los próximos meses prometerá darles soluciones a todos; lo hará porque va a mostrar el rostro del entendimiento y sobre todo el del desconcierto, pues se preguntará a sí misma y de forma admirada: ¿Cómo es que algo tan lógico no ha sido atendido o reparado? Y acto seguido se propondrá a sí misma como la solución. Al final, el propósito de la política actual es ser elegida, no para dar resultados, sino para afinar los recursos durante dos años y buscar ser elegida de nueva cuenta.
La política cambia de rostro conforme la situación lo amerite. El magisterio, por ejemplo, en su ala rebelde de la coordinadora, era un aliado natural del morenismo, pero durante el mundial de futbol, la política presidencial le puso un rostro muy específico con vallas y policías, al mismo tiempo en el que un pato, el pato Merlin, era invitado especial de la presidenta a una de las conferencias mañaneras. La misma política, una cara distinta.
En Jalisco, el rostro también ha cambiado y hoy se encuentra en una fase crítica, porque uno de los problemas de las facetas políticas no es la mutación de esa cara que pone ante cada distinta situación, sino cuando uno de estos rostros se revela como el auténtico, o se hace ver como el auténtico. Y entonces, como él diría, el presidente López Obrador: “Fuera máscaras”, porque mediáticamente y en la narrativa, una de estas caras logra mantenerse.
La frase de «hace como pato, camina como pato, etc.» Es una frase que me gusta situar en el análisis político, porque trata de definir las cosas por lo que al exterior se muestra. Seamos honestos, la política se ha conceptualizado últimamente en la apariencia, y por ende en la generación de significado a partir de lo que es visto. Pues, ¿acaso eso no logran algunos que, siendo priistas o perredistas, ahora se ponen un chaleco guinda y hablan de transformación?
Los rostros de la política están en todos lados, y a todos nos habla con un tono de voz distinto; también se nos muestra de formas varias. Su actual gatopardismo es lamentablemente su esencia más pura, pues vive de la polarización de quienes ven rostros distintos; de esta manera se garantiza aliados sin argumentos. La política es de quien la hace; los mismos son ellas y ellos. Por esa razón y curiosamente, a pesar de hacerse pasar por seres distintos, la política, los políticos, son los que, aunque hablen de cambios generacionales, a menudo permanecen.
Eppur si muove



