A todos nos ha pasado: estás tranquilo en tu sala en una noche de lluvia y, de la nada, se escucha un golpe seco en la ventana o un zumbido ruidoso cerca del foco. Es el clásico escarabajo café ese al que cariñosamente en muchos hogares llamamos «tontorrón», «chicharrón» o «ronrón» haciendo de las suyas con su ya conocida falta de destreza al volar.
Pero detrás de ese despistado insecto que termina patas arriba en tu suelo, se esconde uno de los secretos más fascinantes de la naturaleza.
- Una larga infancia en la oscuridad
Antes de convertirse en ese escarabajo volador, este insecto fue una gallinita ciega (una larva blanca con forma de «C» y cabeza café). Mientras que en nuestras casas solo los vemos volar durante un periodo muy cortito, bajo el suelo la historia es otra: ¡pueden pasar desde 9 meses hasta 3 años enteros viviendo bajo la tierra firme! Durante todo ese tiempo, se alimentan de las raíces del pasto y de las plantas para crecer. - El misterio de su torpeza: ¿Por qué chocan contra todo?
Cualquiera pensaría que son torpes porque pasaron años bajo tierra en la oscuridad y que sus ojos no funcionan bien. ¡Pero no es así! Cuando salen a la superficie, sus ojos están completamente nuevos y sanos. El verdadero problema es que nuestros focos les vuelven loco el «GPS».
Estos escarabajos cafés son nocturnos y, por instinto, usan la luz fija de la Luna y las estrellas para guiarse y volar en línea recta. El caos empieza cuando ven la luz de tu patio o de tu sala: como está tan cerca, se confunden por completo, intentan nivelar su vuelo siguiendo esa luz y terminan dando vueltas en espiral hasta que se estrellan de frente. Además, al tener cuerpos pesados y gorditos, ¡les cuesta muchísimo trabajo frenar a tiempo!
- Una vida muy corta en la superficie
Después de pasar tanto tiempo bajo el suelo, su vida en el exterior pasa volando. Ya sean los chicharrones y tontorrones nocturnos, o el famoso mayate verde (que a diferencia de los cafés, es diurno y anda activo de día zumbando bajo el sol), como escarabajos adultos solo viven entre 3 y 6 semanas. Su única misión en esta etapa es encontrar pareja para asegurar la siguiente generación.
El dato extra: No les tengas miedo; no pican, no muerden y son inofensivos. Si ves a un tontorrón café atrapado en tu sala por la noche, ¡ayúdalo a salir al jardín! Ya trabajó demasiado tiempo bajo tierra como para no disfrutar de sus pocas semanas de libertad.



