No es legalidad ni defensa de la soberanía sino pragmatismo político.
La fortuna es caprichosa. Si dos norteamericanos que resultaron ser agentes de la CIA no hubieran sufrido un lamentable accidente automovilístico al concluir un exitoso operativo antinarco en la sierra de Chihuahua, nada hubiera pasado, pero su lamentable fallecimiento descubrió una operación secreta del gobierno de los Estados Unidos en territorio nacional, que desató la furia de la presidenta Sheinbaum.
Hagamos un recuento muy breve. AMLO, durante su mandato y consistente con la política de los abrazos a los criminales, redujo la cooperación y atizó el conflicto con la DEA, la única agencia del gobierno estadounidense que entonces operaba en materia de narcóticos en México. Luego vino el segundo mandato de Trump y una redefinición de la estrategia que, al declarar terroristas a los cárteles mexicanos, le abrió la puerta a la CIA y los militares norteamericanos para intervenir en el tema, y como ya había ocurrido incluso desde la administración de Biden, a las operaciones secretas unilaterales en México. El mejor ejemplo, pero no el único, es el secuestro del “Mayo” Zambada.
Los norteamericanos no confían en el gobierno mexicano en temas de lucha contra el narcotráfico. Confían en personas y en algunas corporaciones más que en otras, pero han decidido actuar por su cuenta en casos específicos, lo cual molesta mucho, de menos a más, al gobierno, a la presidenta y a la nomenclatura morenista. En este escenario, el gobierno y la fiscalía de Chihuahua habrían sido “chamaqueados” por un director de la Agencia Estatal de Investigación, quien también falleció en el accidente, y que habría colaborado con la CIA en forma clandestina, y sí, ilegal.
Al escribir esta columna, el fiscal de Chihuahua ha renunciado y la gobernadora decidió que no acudirá al Senado con la espada de Damocles sobre su cabeza. La renuncia del fiscal sugiere un control de daños, que si fuera negociado tendría sentido, pero la negativa de asistir al Senado y la declaración de la presidenta de que “no es suficiente”, sugiere que es un error más en el desastre estratégico del gobierno de Chihuahua.
La ingenuidad de los chihuahuenses y la mala fortuna de los norteamericanos le obsequiaron a Sheinbaum la oportunidad de cargar con todo su poder, envuelta en la bandera, contra sus adversarios panistas, el gobierno de Trump, el embajador, la CIA y los comentócratas al mismo tiempo y desde una posición de superioridad moral y política que cada vez más raramente se le presenta a la 4T. Sorprendente sería que les diera cuartel. Tal vez le dé a la gobernadora la posibilidad de negociar una salida al conflicto, en forma costosa para ella y sus intereses, tal vez no. Ya hemos visto a la presidenta ir hasta el final contra sus adversarios incluso los que militan en Morena. No sé cual será el desenlace, pero a la gobernadora Campos y al PAN le saldrá cara su ingenuidad previa y su impericia posterior. Por otro lado, que nadie se engañe, esto nada tiene que ver con la defensa de la legalidad y la soberanía, es una afirmación del poder presidencial, una ofensiva política oportunista y un escarmiento para sus adversarios. Sin novedad con la 4T.




