Teotihuacán, Estado de México. La historia y la cultura quedaron opacadas hoy por el sonido del plomo. En un hecho que ha sacudido a México y al turismo internacional, la zona arqueológica de Teotihuacán fue escenario de una balacera que tuvo como epicentro la icónica Pirámide de la Luna.
El horror en la cima.
Videos que circulan en redes sociales muestran el momento exacto en que un sujeto armado, apostado en la parte alta de la estructura, comenzó a disparar contra los asistentes. La escena, captada por turistas son gritos de auxilio, personas pidiendo a gritos la intervención de la policía mientras buscaban refugio entre las piedras milenarias.
El saldo: Víctimas y heridos.
La información preliminar apunta a una tragedia con al menos dos personas fallecidas, (sin que hasta el momento haya confirmación oficial), incluyendo, según reportes, al agresor tras presuntamente quitarse la vida y una cifra significativa de heridos. Es vital aclarar que, además de las personas alcanzadas por el fuego, un número elevado de visitantes resultaron con contusiones debido al pánico al intentar huir de la zona de ataque.
La movilización policial fue intensa, pero llegó tarde para evitar el caos. Actualmente, las fuerzas de seguridad mantienen el sitio restringido mientras los peritos de la Fiscalía estatal recaban las pruebas. La pregunta que hoy se hace México es: ¿Cómo fue posible que un agresor armado subiera a la pirámide sin ser detectado? Este suceso marca un antes y un después para la seguridad en nuestro patrimonio cultural. La impunidad con la que se ha normalizado la violencia ahora alcanza los puntos más visitados del país, dejando claro que ningún lugar, ni siquiera los monumentos que nos definen como nación, está a salvo de esta crisis.




