Pocos mandatarios en el mundo gozan de la popularidad de la Presidenta Claudia Sheinbaum. Al cierre de su segundo año de gobierno, sin duda alguna consolida el proyecto iniciado con López Obrador, quien sentó las bases para su elección con la mayor cantidad de votos en la historia.
Por eso no es extraño que ella misma defienda el proyecto como una continuidad. En la tradición de nuestro país, el cambio de sexenio siempre fue un motivo para romper con el gobierno y el gobernante anterior. Muchas veces para desgracia de las políticas públicas.
La solidez electoral del proyecto de la Cuarta Transformación y la popularidad de la Presidenta, hace entender su defensa de quienes eventualmente manchan con sus acciones el discurso del movimiento.
Pero las cosas se miden por resultados. Hoy la aprobación tiene varios componentes claros.
La Presidenta se conduce de una manera austera y cuidadosa. Contrasta siempre con el alarde que históricamente hicieron sus antecesores de todos los colores y signos ideológicos. Camina segura de su liderazgo que cada vez se fortalece más en la medida en que sigue penetrando con los programas sociales que son la base de la propuesta ideológica de Morena.
Lo cierto es que en ocasiones parece sostener ella sola el movimiento. Los señalamientos hacia personajes clave de la clase política, tienen que ser aceptados, aguantados y esquivados de frente y personalmente por ella, lo cual marca un estilo muy particular de gobernar. No es que esté sola, se defiende por su cuenta.
El manual del gobernante establece claramente que si la aprobación y las tendencias electorales favorecen y no cambian, no hay por que alterar el ritmo del gobierno.
Su aceptación también tiene que ver con una oposición mermada y desprestigiada; sin liderazgos claros que pongan en riesgo la preferencia nacional de su proyecto. Casi se puede decir que juega sola.
Lo que ha surgido son dudas en los niveles locales, donde se jugarán gubernaturas y no estará ella en la boleta. Aún así, la perspectiva es positiva porque el activismo de Morena sigue siendo fuerte y no tiene contraparte.
A la Presidenta también le ha servido su posicionamiento ante Donald Trump. No ha caído en las grandes provocaciones de su discurso disperso y guerrillero. Ha sido prudente y la beligerancia de Trump, sin lugar a dudas la posiciona bien ante un amplio segmento de la población que no coincide con las posturas del gobierno de Estados Unidos.
Esa prudencia también ha sentado las bases para la próxima negociación del Tratado de Libre Comercio que es una pieza clave para el desarrollo futuro de nuestro país. Al no haber caído en provocaciones, Sheinbaum resulta muy inteligente y respetada entre amplios sectores de la clase política estadunidense que serán clave en la negociación, particularmente congresistas y empresarios.
Sheinbaum recorre el país y ese es un atributo que la gente agradece, inaugurando obras y comprometiendo acciones. De paso, aparentemente “aprieta” a los gobernantes locales, lo que la hace tener un liderazgo político fuerte y consolidado.
Las encuestas lo miden. La más alta rebasa el setenta porciento de aprobación y la que menos le atribuye va al sesenta por ciento. También hay que decir que el nivel de aprobación no tiene el mismo porcentaje que la intención de voto. La Presidenta está claramente por encima de su movimiento.
El dato curioso es que los grandes temas de debate y crítica no parecen afectarle. La percepción sobre inseguridad no ha cambiado y no se han resuelto algunos temas de la agenda como los desaparecidos, el caso de los normalistas de Ayotzinapa y los asuntos de corrupción atribuidos al gobierno anterior.
No hay encuestas serias que le den bajos niveles de aprobación ni tampoco que digan que ha cambiado la percepción sobre la corrupción.
Su fórmula ha sido precisa: mostrarse firme en el tipo de proyecto que construyeron con López Obrador. No va a romper con él y mantiene claras áreas de respeto a la presencia del equipo original del lopezobradorismo.
Sin embargo, es evidente que ya perfila a sus propios operadores por encima de los del equipo anterior. Mueve las piezas con la solvencia de que no existe en el momento posibilidad alguna de desbandada.
Los críticos económicos han sostenido que el nivel de gasto no puede sostenerse ante la magnitud de los programas sociales y hasta el momento parece que ese tema no causa alarma entre los actores financieros.
En su informe presumió las mejores notas de inversión extranjera, con un peso sólido y baja inflación. Es un escenario nada despreciable en los momentos de inestabilidad que vive la economía por la guerra del petróleo en el mundo y la incertidumbre ante la negociación del nuevo tratado. Eso ha provocado una tasa de crecimiento apenas por encima del uno por ciento. Tampoco muy halagüeña.
Este será en todo caso el reto. Hacer crecer la economía. Para distribuir hay que aumentar el pastel y los actores económicos nacionales no tienen otra opción: invierten con las reglas que hay o se esperan hasta que eventualmente puedan cambiar las condiciones.
En ese contexto se dio el Segundo Informe de gobierno. Su forma de comunicar la tiene en buena percepción ante los ciudadanos.
También cuenta que seguimos siendo un país centralista y la figura principal de la política es la presidenta. Que nadie se mueva. Viene el tercer año y las elecciones serán una prueba. El veredicto ciudadano.




