Un impuesto por morirse.

Lenia Batres, “la ministra del pueblo”, dice que hay que gravar las herencias.

Cada gobierno y partido tiene su pecado favorito. Yo pensaba que el de Morena era la ira, pero cada vez me convenzo más que es la envidia, el pecado que se ha calificado como el más estúpido de los pecados porque consiste en sufrir por el bien ajeno, el pecado sin utilidad y con castigo incluido. Morena y la 4T envidian, sufren por lo que los demás tienen, aunque ellos tengan todo el poder. Así percibo a Lenia Batres, la mediocre abogada y resentida activista, que ahora despacha como ministra de la Suprema Corte.

Primero el dato. Mientras se discutía un tema sobre Afores y propósito de nada, la ministra sentenció: las herencias deben pagar impuestos, porque cuando hereda una persona recibe un beneficio que no es resultado de su esfuerzo. ¡Me recargo en la pared! Para empezar, si los beneficios del esfuerzo no fueran gravables, no existiría el Impuesto sobre la renta, pero vayamos a la sustancia. Este dicho no es un simple exabrupto. La izquierda radical tiene tiempo hablando de ponerle impuestos a las herencias y ahora que gozan del más amplio poder quieren llevarlo a la realidad, junto con otros gravámenes sobre una pretendida riqueza injusta.

En la mente de algunos morenistas no hay dinero ni bienes que sean bien habidos. El que tiene algo lo adquirió explotando, robando o quitándoselo a alguien más y la única excepción son ellos mismos. En su concepto todas las herencias son el golpe de fortuna que crea, sin merecerlo, a un nuevo rico que debe entregar una parte sustancial de esa riqueza al gobierno bueno de la 4T, para que éste ladistribuya entre el pueblo todavía más bueno.

Pero la realidad es muy diferente. Pensemos en los casos de la vida cotidiana: una familia que pierde a su padre tendría que pagar un alto impuesto por seguir viviendo en la casa familiar, sólo porque el titular de la escritura falleció; aviudos y huérfanos les tocaría entregar al gobierno parte delos ahorros que alguien reunió durante una vida de esfuerzo,justo en la desgracia de su muerte; negocios familiares se verían diezmados por el fisco, precisamente cuando falta su propietario. Al evento catastrófico de la muerte de una persona, se agregaría la pérdida de una parte considerable del patrimonio familiar frente al gobierno. Lo que nos faltaba, que haya un impuesto a morirse.

Además de otras injusticias, como que el patrimonio acumulado ya pagó impuestos durante toda una vida, viene la realidad que siempre alcanza a la santurrona izquierda, los verdaderamente ricos siempre encuentran la forma de pagar menos, en tanto que pobres y clasemedieros padecen la furia recaudatoria del Estado. ¿O ustedes creen que Slim, Salinas Pliego y Larrea no tienen arregladas sus sucesiones? 

La 4T no habla al azar. Siembra ideas para que germinen: primero las niega, luego asegura que solo afectarán a los ricos, después apela a la desigualdad y contrapone la pobreza al privilegio. Presenta la riqueza como resultado del abuso o el delito, nunca como fruto legítimo del esfuerzo y el trabajo honrado. Lo dice con cautela, casi entre dientes, en campañas centradas en otros temas; pero una vez en el gobierno, lo convierte en política pública. Hoy cuentan con la mayoría para hacerlo. Esperemos que las urnas nos den otra oportunidad de proteger a nuestras familias antes de que decidan aplicar las ideas de Lenia Batres.

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