CdMx. El panorama de la inseguridad en México ha experimentado un cambio preocupante.
Reportes recientes y análisis de inteligencia revelan que los grupos criminales más grandes del país, encabezados por el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y el Cártel de Sinaloa, han intensificado el reclutamiento de exmilitares sudamericanos para sus filas.
Este fenómeno no es casual, sino una estrategia deliberada para elevar la capacidad táctica de sus células operativas.
La estrategia de enganche
El reclutamiento ha migrado de las redes informales hacia procesos sistemáticos y de alta tecnología:
- Empresas fachada: Los cárteles operan a través de supuestas empresas de seguridad privada que lanzan convocatorias para proteger «activos de alto valor» o fincas agrícolas.
- Redes digitales: El contacto inicial se gestiona mediante grupos cerrados en aplicaciones de mensajería, donde reclutadores a menudo exmiembros de las mismas fuerzas armadas validan los perfiles de los aspirantes.
- Condiciones engañosas: Las promesas de salarios que llegan a multiplicar por diez los sueldos militares en sus países de origen atraen a especialistas en inteligencia, francotiradores y expertos en explosivos.
El perfil del mercenario y la conexión global
La mayoría de los reclutados provienen de países con experiencia en guerra contrainsurgente, principalmente Colombia. Existe además una conexión transatlántica preocupante: muchos de estos elementos llegan a México tras haber servido como mercenarios en conflictos activos en Europa del Este, Irak o Afganistán, lo que los convierte en combatientes con experiencia en escenarios de guerra real.
Los cárteles buscan en ellos tres capacidades:
- Tácticas de guerrilla: Capacidad para coordinar unidades pequeñas en entornos rurales hostiles.
- Tecnología: Manejo de drones, comunicaciones cifradas y sistemas de vigilancia.
- Instrucción: Funcionan como «entrenadores» para capacitar a los miembros locales en el uso de armamento pesado y tácticas de combate de alto impacto.
Una realidad sin retorno
Lo que comienza como una oferta laboral atractiva suele convertirse en una trampa. Una vez en territorio mexicano, la mayoría de los reclutados son privados de sus documentos y sus medios de comunicación. Informes indican que muchos de estos elementos son amenazados con represalias contra sus familias en sus países de origen, obligándolos a participar en conflictos armados donde el nivel de letalidad ha alcanzado estándares propios de una zona de guerra.




