La reciente designación de la senadora Andrea Chávez como «coordinadora» en Ciudad Juárez expone la contradicción más evidente de la cúpula de Morena: el uso de cargos organizativos para imponer candidaturas por la vía rápida, saltándose los propios estatutos del partido.
Mientras el discurso oficial promete encuestas abiertas y participación democrática para la selección de candidatos, los hechos en Chihuahua demuestran exactamente lo contrario.
Un nombramiento a la medida y un trato inequitativo
La asignación directa de Andrea Chávez al frente del municipio más poblado del estado no pasó por ningún filtro democrático:
1. Sin convocatoria ni competencia: No existió un registro público de aspirantes ni una encuesta abierta para la alcaldía de Juárez. La decisión se tomó de forma directa desde la Comisión Nacional de Elecciones.
2. Trato inequitativo y «premio de consolación»: Tras la definición de la candidatura estatal a la gubernatura en favor de Cruz Pérez Cuéllar, la cancha dejó de ser pareja. Mientras a otros aspirantes a coordinadores que quedaron fuera de la contienda no se les otorgó ninguna garantía, a Chávez se le entregó el principal bastión electoral del estado (que concentra alrededor del 40% del padrón de Chihuahua) como un trato preferencial para evitar un berrinche o una fractura pública.
3. Candidatura disfrazada: Aunque estatutariamente se le llama «coordinación de estructura», colocar a una figura de cúpula al frente de la plaza a meses del proceso electoral funciona, en la práctica, como un dedazo de facto que amarra la candidatura a la alcaldía y bloquea el registro de cualquier otro liderazgo local.
La violación a los propios principios
El estatuto de Morena prohíbe explícitamente el favoritismo, el influyentismo y el uso discrecional del poder. Sin embargo, en Juárez se priorizó la «operación cicatriz» para un perfil privilegiado y el control de daños de cúpula sobre la equidad y los procesos democráticos que prometieron defender.
Al final, la designación de Andrea Chávez no es más que la reedición del viejo dedazo, disfrazado bajo la nomenclatura de la «transformación»




