El presidente de EEUU ha dicho con claridad que usará su ejército contra los cárteles.
Lo ha dicho en varias ocasiones, cada vez más frecuentes y con mayor claridad, el poderoso y mercurial mandatorio norteamericano está convencido de que los cárteles gobiernan México y que debe hacerse “algo” al respecto, porque el fentanilo -ahora arma química de destrucción masiva – está matando estadounidenses por cientos de miles. En los mensajes de Trump no hay ambigüedad ni matiz. Los funcionarios del Departamento de Estado evalúan consecuencias legales en documentos de acceso público, el Departamento de Justicia reafirma la importancia de desmantelar los cárteles y la magnitud del problema. Finalmente se han dicho unas palabras, en fórmula coloquial, que significan intervención: “boots on the ground”, las botas de los soldados estadounidenses en el suelo mexicano.
Entonces ¿por qué la respuesta presidencial es tan irrelevante? Mandar al canciller a que pregunte y tener una llamada “amistosa” de unos pocos minutos no parece suficiente para apaciguar al hombre beligerante ni al mandatario imperialista que encarna. Maduro vociferaba y bailaba unos días ante de ser detenido en el palacio presidencial de Miraflores. ¿Eso no es suficiente para reaccionar con mayor energía y determinación? No, parece que no y eso es muy peligroso. Me explico.
Como ya está evidenciando el caso de Venezuela, a los Estados Unidos les importa muy poco lo que pase con el país intervenido. Ni siquiera en ese caso hay acciones que apunten a promover una transición democrática mientras los restos del chavismo les sean funcionales, están dispuestos a ignorar a quien es símbolo de la lucha por la libertad y referente mundial, María Corina Machado. Trump no va a venir a solucionar los problemas de México, daría unos golpes que sean combustible para su propaganda y que intimiden a toda América Latina. Y el costo interno de eso será para México, incluyendo la revisión del T-MEC.
Sheinbaum debe hacer su trabajo para defender a México en forma correcta, no con discursos patrioteros. En mi opinión eso se puede resumir en tres rubros. El primero es combatir con eficacia y en forma sustancial al crimen organizado, lo cual incluye investigar y perseguir a los narcopolíticos de Morena, sin eso no hay tema de conversación con EEUU. Lo segundo es reconstruir a la cooperación con la DEA que AMLO mandó al diablo por capricho y atavismo. Con estos elementos se reducen los incentivos de los norteamericanos para actuar unilateralmente.
El tercer elemento es desarrollar una política exterior que eleve el costo de intervención unilateral. Fortalecer nexos con los opositores de Trump en su propio país, levantar la voz en organismos multilaterales y fortalecer una diplomacia democrática, pro derechos humanos y defensora de la legalidad. Eso también implica dejar de coquetear con las tiranías del mundo (Rusia, Cuba, Irán) que nos ponen en situación vulnerable, usar la integración económica como punto de apoyo al igual que la política migratoria, para recordarle a Trump que es mejor tenernos como aliados.
Yo no quiero una intervención norteamericana y la única manera de evitarla es atendiendo el tema de fondo: el tráfico de fentanilo, que con otras actividades delictivas de los mismos cárteles, lacera por mucho más a los mexicanos que a los norteamericanos, y que debiera combatirse independientemente de la presión del vecino. Si queremos evitar que éste se meta a nuestra casa a tratar de arreglar la parte del problema que le afecta solo a él, debemos arreglarlo de fondo y bien nosotros mismos. Ojalá lo entiendan antes de que sea tarde.




