CdMx. La estrategia de Morena para designar a sus coordinadores estatales rumbo a las elecciones de 2027 avanza en medio de un doble debate: la implementación de filtros institucionales y el creciente cuestionamiento por la reserva de datos en sus sondeos internos.
El proceso de medición opera bajo un esquema 100% remoto. Consiste en una fase preliminar de encuestas telefónicas para filtrar la lista inicial de aspirantes registrados, seguida por un levantamiento final de opinión a través de muestreos telefónicos automatizados (encuesta madre y espejos), sin el despliegue territorial de encuestadores «casa por casa» de procesos anteriores. Sumado a este hermetismo operativo, la dirigencia determinó no hacer públicos los desgloses metodológicos, el tamaño de las muestras ni los porcentajes obtenidos, notificando los fallos únicamente a los participantes a puerta cerrada.
Los dos frentes del proceso interno:
Método a distancia y filtros de seguridad: El mecanismo articula sondeos estrictamente telefónicos y remotos. A la par, la presidenta Claudia Sheinbaum defendió el valor del instrumento, pero solicitó complementar los resultados pidiendo al Instituto Nacional Electoral (INE) que compulse los expedientes ante la Fiscalía General de la República (FGR) y el Gabinete de Seguridad, a fin de certificar que los perfiles carezcan de antecedentes penales o vínculos delictivos.
Cuestionamiento a la reserva de datos: Militantes y sectores de la oposición señalan que omitir la presentación pública de la «sábana» de resultados resta certeza técnica al ejercicio. Al no difundirse los porcentajes de ventaja ni el número de personas consultadas, la falta de datos comprobables expone el proceso a interpretaciones de negociación cupular o designación directa a puerta cerrada.
El choque entre la narrativa de consulta democrática y la secrecía del levantamiento marca el arranque de las definiciones del partido oficialista para la contienda de 2027.



