Los derechos de las audiencias no existen.

Existe el derecho a la información y es vulnerado todos los días por Morena.

Tenemos semanas escuchando a la presidenta y su claque justificar en “los derechos de las audiencias” su más reciente estrategia para incrementar el control del poder político sobre los medios de comunicación. Un intento, un paso más en su sueño autoritario de suprimir la crítica de la radio y la televisión.

Una audiencia es un conjunto de personas que reciben un mensaje difundido a través de un medio de comunicación masivo. Ese grupo es indeterminable, contingente, variable, instantáneo y carente de un interés común. En verdad, ¿una masa amorfa e intermitente puede ser titular de derechos? Los mismos apologistas de la 4T no hace mucho que se opusieron a que colectivos definidos y reales, titulares de intereses difusos pero definidos, siguieran teniendo la protección del juicio de amparo. Lo que se niega a los habitantes de una comunidad afectados por la contaminación de un río se promueve para los que escucharon un fragmento de un noticiero. El derecho en tiempos de Morena.

Las audiencias, en todo caso, las forman personas que son titulares de derechos, por ejemplo, el derecho a la información o a la libre difusión y discusión de las ideas, mientras que por otro lado hay derecho a la dignidad y al honor de los involucrados. Todos estos derechos, muchas veces contrapuestos, se han estudiado y racionalizado en tribunales de todo el mundo, siempre bajo la regla del caso concreto y una vez que la información ha sido emitida, nunca en forma previa, siempre a petición de parte y confrontando el interés público con el interés privado para determinar cuál merece prevalecer.

Desde el poder se impulsa la protección de un derecho que no puede existir porque su presunto titular es literalmente polvo en el viento. Pero los mecanismos de control y censura previa que se proponen para proteger esta entelequia sí que son reales y forman parte del manual de todos los gobiernos autoritarios del mundo: de Trump a Chávez, de Hungría a Cuba, de la Santa Inquisición al Soviet supremo. Porque cuando el gobierno dice que va a defender a los débiles e indefensos de la mentira y la manipulación de los medios y la prensa, lo que quiere decir, es que se propone censurar las críticas, perseguir a los opositores y construir una esfera pública en que el silencio sólo se rompa para aplaudir al gobernante.

Por eso, sí estamos muy preocupados presidente Sheinbaum, porque su gobierno está tratando de destruir las fibras de las que está hecha la democracia. Sin prensa libre no hay debate público, sin debate no hay opinión y sin opinión no hay democracia. Y a todos los incrédulos que me dicen “no se van a atrever” les pido que vean al pasado reciente y cuenten todos los derechos y las entidades garantes de ellos que ya suprimió la 4T. Y ahora van por la última línea de resistencia democrática: la prensa libre.

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