El arte de hacerse pato.

Claudia Sheinbaum literalmente se hace “pato” para atender los problemas de México.

Cuarenta minutos de muchas preguntas, entre risas y muestras de felicidad, dedicó Claudia Sheinbaum a recibir al pato «Merlín» en ese extraño ejercicio gubernamental que es la Mañanera del Pueblo. No es que nos sorprenda a estas alturas que parezca talk show o revista de variedades, sino que siendo desde hace ocho años el epicentro del ejercicio del poder público, lo que ahí ocurre se vuelve relevante y condiciona la vida política.

El pato se robó la atención y la simpatía de los mexicanos en forma espontánea, luego vino el oportunismo presidencial: lo vamos a traer a la mañanera porque si no, no existe. Se documentó que los dueños declinaron amablemente la invitación, pero al final aparecieron. Seguro les hicieron una oferta que no podían rechazar, aunque a mí me gustaba más lo que decidieron originalmente, no polaricemos a Merlín, la gente lo quiere y es de todos. Al final triunfó la avaricia presidencial y Claudia tuvo su invitado, su foto y, también, su karma: un picotazo al aire que nos representa a muchos mexicanos. 

Aun cuando no se sabe muy bien si la expresión surge de que las aves ocultan su cabeza cuando buscan alimento o se paralizan ante los depredadores o alguna otra cosa, todos sabemos que quien se hace pato se hace tonto, pretende ignorar lo evidente, trata de ocultar lo obvio. Así que llevar un pato con camiseta de la selección mexicana, que se hizo viral en redes sociales, cuando el país atraviesa momentos críticos a la arena pública más importante, es literalmente, una presidenta que se hace pato.

Es legítimo e incontestable que el pato llegó al foro político antes que las madres buscadoras, que los familiares de niños con cáncer, que las feministas, que los campesinos, que los desplazados por la violencia, que los ambientalistas asesinados, que las víctimas de los accidentes en las obras fallidas de la 4T y así podría continuar por un largo tiempo.

Durante ocho largos años y dos presidentes distintos, la oposición no acierta como contrarrestar la concentración de atención y la fuerza narrativa de las mañaneras, a pesar de que ha podido documentar miles de mentiras y contradicciones, el discurso oficial se ha sostenido sobre el enorme aparato de medios formales y blogueros pagados por el sistema.

La Mañanera del Pueblo es un instrumento de propaganda, un complejo diseño de discurso político que pretende establecer una narrativa alterna a la realidad que oculta los fallos y abusos del régimen y niega los problemas que Sheinbaum y su gobierno no saben, no quieren o no pueden resolver.

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