El villano favorito de la retórica oficial: Calderón toma el micrófono en el norte

Para la narrativa oficial de Palacio Nacional, no hay discurso completo si no se invoca al fantasma de Felipe Calderón para justificar los pendientes del presente.

Sin embargo, este fin de semana el sarcasmo se volvió realidad: el expresidente no necesitó que lo mencionaran en la mañanera; apareció en carne y hueso, con micrófono en mano y en un escenario diseñado estratégicamente para desafiar al gobierno de Claudia Sheinbaum.

La reaparición no fue un hecho fortuito ni un evento académico aislado. Calderón pisó territorio nacional para presentarse en un mitin político de alto impacto en el norte del país, compartiendo tarima con Vicente Fox. El objetivo político fue claro: articular un frente de respaldo absoluto a la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos.

En el ajedrez político actual, Chihuahua se ha consolidado como uno de los bastiones de resistencia más incómodos para la Federación. Llevar a los dos expresidentes panistas a ese suelo no fue solo un acto de nostalgia partidista, sino un mensaje de blindaje y provocación: la oposición está reviviendo a sus figuras históricas para atrincherarse en el norte de cara a las batallas legislativas y electorales que vienen.

Lejos de la prudencia o el retiro discreto, el discurso de Calderón fue un ataque frontal a la estrategia de seguridad del gobierno actual, pegando justamente en la herida que el oficialismo intenta justificar todos los días.

Sus líneas más contundentes dejaron en claro que viene a confrontar la narrativa:

  • «El verdadero enemigo de México es el crimen organizado, no es la oposición», lanzó desde el estrado, revirtiendo la acusación diaria de que los críticos del gobierno son los «traidores a la patria».
  • Arremetió de forma directa contra la política de seguridad central exigiendo «gobernantes que cumplan con su deber, no gobernantes que entreguen a las familias en las manos del crimen».

La ironía de esta reaparición es redonda. Por un lado, la oposición demuestra que está dispuesta a utilizar cartuchos del pasado con tal de ganar reflectores y golpear al gobierno en su punto más débil. Por el otro, le acaban de dar un tanque de oxígeno puro a la retórica de Claudia Sheinbaum.

A partir de hoy, cada vez que en las conferencias oficiales se intente evadir la realidad de la violencia en el país, el guion ya no tendrá que recurrir a los archivos de 2006; ahora dirán que «el calderonismo está activo y operando desde el norte».

Calderón regresó para hablar de seguridad, pero en el fondo, regresó para seguir siendo el villano favorito y el coprotagonista permanente del discurso oficial.

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