Lo que la 4T presume como una revolución tecnológica es, en realidad, un ejercicio de marketing populista que delata la ineptitud de quienes diseñaron este proyecto.
Ignorando la geografía de México y la física básica, el Olinia no es un automóvil; es un carrito de juguete para pasear a los niños por el parque, con un precio que escaló a los 150 mil pesos debido a la torpeza de no haber contemplado desde el inicio sistemas vitales como frenos y bolsas de seguridad.
1.- La mayor mentira del proyecto es su supuesta capacidad. El gobierno afirma que el Olinia es para familias de hasta 6 integrantes, pero basta ver las dimensiones reales para entender el engaño.
- Hacinamiento inhumano: Por la estructura y el ancho del vehículo, es humanamente imposible que quepan 6 pasajeros. Ni siquiera 6 niños cabrían en ese habitáculo sin ir encimados y en condiciones de riesgo total. Un carrito de golf resulta por mucho más funcional, útil y espacioso que este diseño.
Vender la idea de un «auto familiar» en un espacio donde apenas caben dos adultos con comodidad es un insulto a la inteligencia. Es una caja de zapatos con ruedas que pretenden vender como camioneta.
2.- . La humillación en las pendientes
El discurso oficial presume una velocidad de 50 km/h, una cifra ridícula que además es falsa bajo condiciones reales de carga.
- Mecánica de motocicleta: El motor del Olinia mecánicamente es un híbrido técnico más cercano a una motocicleta eléctrica.
- Carece del torque necesario para mover una estructura de ese tamaño.
- El colapso por peso: Si por algún milagro logras meter a las personas prometidas, la potencia colapsa y en cualquier subida, la escena será humillante: tendría que bajarse hasta el chofer para empujar un vehículo sin fuerza para vencer la gravedad. Al final, resultara que mi abuelito pedalea más rápido en su bicicleta que este armatoste impulsado por el erario.
3.- Autonomía de juguete y la trampa del tráfico
La autonomía es de apenas entre 60 y 80 kilómetros.
- Limitación total: Esos 80 km se reducen drásticamente en el tráfico real o usando luces. Es un vehículo que te deja «tirado» si intentas usarlo como un auto de verdad, limitando tu movilidad a unas cuantas cuadras de distancia de tu enchufe.
4.- La bomba de tiempo: El enchufe de la licuadora y el golpe al bolsillo. Vender la idea de que el auto «se carga en casa» muestra un desconocimiento total de la ingeniería eléctrica en México
- Riesgo eléctrico: Las casas nacionales usan calibres delgados (12 o 14 AWG) no aptos para carga vehicular continua.
Conectar el Olinia a los mismos 127V de una licuadora es una receta para el incendio por sobrecalentamiento.
- La trampa de la extensión: Sin enchufes en las cocheras exteriores, la gente usará extensiones, aumentando el riesgo de cortocircuitos. Además, el recibo de la CFE saltará a la Tarifa DAC, resultando en un costo bimestral de aproximadamente 3,600 pesos adicionales. ojo adicionales a lo q ya pagas hoy.
5.- Ineptitud en el diseño: Baches e inundaciones - El bache como muro: Con ruedas diminutas y una suspensión de eje rígido de juguete, el Olinia quedará atascado en el primer bache que encuentre.
- Inundaciones: Un ataúd bajo el agua: Por su baja altura y ligereza, en una lluvia fuerte el auto quedaría completamente sumergido bajo el agua, siendo arrastrado por la corriente y poniendo en riesgo la vida de los ocupantes atrapados.
6.- El «Efecto Tráiler» vs. Autos Reales de Ciudad
A diferencia de un Atos o un Hyundai i10, autos reales diseñados para la ciudad con una celda de seguridad, el Olinia es un simple papel.
Corre el riesgo que si un tráiler pasa junto a él en un libramiento, la turbulencia lo sacudiría violentamente, pudiendo proyectarlo fuera del camino.
La triste realidad la vemos en este “proyecto” mientras el mundo avanza hacia la innovación, la 4T nos entrega una «porquería» de ingeniería que representa un decrecimiento tecnológico para el país.
Por 150 mil pesos, el gobierno no está impulsando la competitividad nacional; está vendiendo un riesgo con logo de alebrije.
Un auto del año 2000, o un Atos usado, siguen siendo más dignos, más seguros y más eficientes.
El progreso no se construye con juguetes caros, se construye con ingeniería real y competitiva.




