Morelia, Michoacán. Lo que comenzó como un rumor de pasillo hoy se confirma en el mostrador: el precio de la tortilla, el pilar de nuestra alimentación, sufrirá un ajuste al alza este 15 de abril, así lo anunció el Consejo Nacional de la Tortilla. A pesar de las declaraciones del Gobierno Federal que intentan calmar las aguas, el Consejo ha sido claro: el incremento va de los $2 a los $4 pesos por kilo, dependiendo de la zona.
Mencionan que este no es un capricho de los productores, el aumento responde a una «tormenta perfecta» de costos que el sector ya no pudo contener:
- Insumos por las nubes: El gas, la electricidad y el papel grado alimenticio han tenido alzas constantes en el último trimestre.
- Logística y Transporte: Con la gasolina rozando precios récord, el flete del maíz desde las zonas productoras se ha vuelto un lujo.
- Refacciones: El mantenimiento de la maquinaria, cuyos componentes suelen cotizarse en dólares, ha presionado el margen de utilidad de las tortillerías de barrio.
El choque de narrativas:
Mientras desde la capital del país se emiten comunicados asegurando que «no hay condiciones» para el aumento, la realidad en el interior del estado y el país es otra.
Los industriales de la masa y la tortilla argumentan que mantener el precio anterior significaría trabajar a pérdidas o, peor aún, el cierre de negocios familiares.
Un aumento de hasta $4 pesos no solo afecta el presupuesto semanal; genera una sensación de vulnerabilidad inmediata en el consumidor.
Estamos ante un «golpe de realidad» que fractura la confianza en las promesas de estabilidad económica.
Es fundamental recordar que, el precio de la tortilla en México está liberado. Esto significa que ni el gobierno ni PROFECO pueden fijar un precio máximo por decreto. La autoridad solo puede vigilar que no haya abusos o colusiones (que todos se pongan de acuerdo para no subirlo de más), pero el costo final lo decide el mercado y los gastos de operación de cada local.
Para las familias, este incremento representa un ajuste forzoso en el consumo de otros productos.
Una vez más, la mesa de los ciudadanos es la que termina pagando el costo de una inflación que no se detiene con discursos.




