La definición de la reforma electoral 2026

Alejandro Carrillo Lázaro

Era el año 2022 cuando se dio un revés legislativo a la reforma electoral de valor constitucional que fue presentada por el entonces presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, pues en la elección intermedia del 2021 la Cámara de Diputados no logró darle los números necesarios para contar con los aliados para que esta fuera aprobada; entonces se sepultarían los planes presidenciales, que llevaban consigo el interés de eliminar plurinominales en ambas cámaras y reinventar el INE, para que pasara a ser el INEC (Instituto Nacional de Elecciones y Consultas), donde los mismos consejeros serían electos por la población.

Ese tiempo es digno de análisis, pues las reformas planteadas por el ejecutivo durante su último trienio no lograban los votos necesarios para reformar la constitución, de ahí que solo hubiera cambios a las leyes secundarias que terminaban por caer a una corte sensata y de valor argumentativo que este país extrañara.

Hoy vivimos otros tiempos; las cámaras tienen mayorías aliadas que, si lo desean, pueden disminuir a la nada a las oposiciones, sin importar que ese espacio se rige por la razón de los argumentos y no por la ceguera de quienes se afirman fanáticos. Logrando en sus primeros días de toma de protesta llevar a cabo el Plan C del Poder Judicial, donde terminaron por definir que la justicia tiene un valor de campaña política y no del entendimiento jurídico-político de quienes lo integran, definiendo que la Constitución ya no tenía el rostro del México diverso, sino del México de un solo partido.

Durante este tiempo han pasado algunas cosas, pero regresó una vieja conocida: la reforma electoral, una que pretendía reformar la constitución y que vio en partidos políticos que solo funcionaban de acompañamiento, como los opositores del régimen, definiendo a la reforma en uno de los adjetivos utilizados para el mismo priato de “partido de Estado”, lo que sepultaría los números conseguidos por el Verde y el PT en la elección del 2024 gracias a muchos de los acuerdos con Morena, logrando gracias a los votos de este último la repartición de poco más del 66% necesario para reformar la constitución. Como nos pudimos dar cuenta, esta reforma no pasó gracias a los partidos que antes solo adornaban las cámaras.

Hoy la reforma tiene un plan B, cambios de recomposición política en los Estados y municipios, así como en el INE, pero llamaba la atención una cosa: juntar la revocación de mandato a la elección intermedia, añadiendo además la capacidad de la presidenta para hablar del tema. ¿Quiénes no ven bien esto? Los mismos partidos que se opusieron a la reforma constitucional, pues ellos prevén que Morena quiere ir solo en la campaña, pues finalmente son los que ganan las elecciones, ahora además junto al nombre de la figura presidencial, que siempre se hace presente en la numeraria porcentual de la participación ciudadana.

Esta reforma se ha convertido en una novela; la pregunta de intriga es si el Verde y el PT se convencerán de cavar sus propias tumbas al generar la posibilidad de que Morena se vaya sola en las 19 gubernaturas, en muchos municipios y sobre todo en las cámaras. Veamos si las negociaciones políticas les convencen, pues en 7 años han logrado un crecimiento que ha desplazado al PRI y eliminado por completo al PRD. ¿Qué hará Morena? ¿Los mantendrá a costa de sus votos? Porque hay una salida, Morena puede dejarlos ir, pero el costo será platicar con diputados y senadores de partidos como el PRI y el PAN, para sacar su plan b.

Eppur si muove.

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