Pueblos fantasmas

Alejandro Carrillo

Usted y yo no nos podemos engañar; el domingo pasado despertó tranquilamente con el fin de hacer lo que cualquier otro domingo haría. Si su trabajo está orientado a prestar servicios, seguramente salió de su domicilio pensando que sería un buen día de ventas y de bastante trabajo; si su vida tiene, por el contrario, el domingo como un día de asueto, entonces comenzó a preparar ese día de descanso cercano a la familia o al paseo. Pero al pasar los minutos de ese 22 de febrero, el flujo de información a través de las redes sociales comenzó a cosechar poco a poco y cada vez con mayor amplitud la idea de que el caos se iba apoderando del territorio nacional. Los helicópteros comenzaron su ascenso, las tiendas cerraban, las publicaciones no cesaban y una sola nota invadía nuestra privacidad: SEDENA confirma que se ha abatido al líder del Cartel Jalisco, Nemesio Oseguera, alias el “Mencho”.

Esa situación, junto con las imágenes que hablaban de bloqueos carreteros y balaceras en Jalisco, comenzó a atar cabos en nuestra mente y a sentir cada vez más la sensación de vulnerabilidad. Las tiendas cerraban, las gasolineras dejaron de prestar servicio, las noticias amarillistas y falsas también limitaban el razonamiento y exigían el ponerse a resguardo. Poco a poco las calles empezaron a bajar el flujo vehicular y el andar de los peatones; poco a poco y cada vez más rápido, las ciudades se volvieron fantasma.

Este sentimiento se prolongó y amplió cuando nos dimos cuenta de que desde las páginas oficiales se definía que el lunes sería un día en que diferentes servicios dejarían de prestarse, las escuelas cerrarían junto con las guarderías, no ya para sentirse en un puente vacacional, sino que la invitación, aunque no dicha, era la del resguardo; era el regreso de un “quédate en casa” que habíamos sentido olvidado por el COVID-19.

Ahora piénselo bien, muchas veces nos hemos dicho que hemos hecho parte de nuestra rutina las noticias que abordan la violencia, el homicidio y, ahora más que antes, el concepto de “desaparecidos”, y entonces nos hacemos los valientes, los “no pasa nada, estamos acostumbrados”. Pero el domingo pasado nos demostró todo lo contrario; la vulnerabilidad floreció en nuestro interior en unas cuantas horas de un domingo que estaba definido para ser como cualquier otro.

Aquí el llamado de atención está determinado por una serie de preguntas: ¿Cuándo dejaremos de hacer crecer la narco cultura? ¿En qué momento tomaremos el control de apagar ese tipo de música, esas series, esas historias que nos hablan de un tipo de grandeza que termina por hacernos ver muy pequeños y estrechos en las aspiraciones?

Las ciudades fantasmas del pasado domingo solo nos demuestran que la violencia no es parte de nuestra rutina, que no nos es indiferente y que, por supuesto, algo debemos hacer por nuestro propio entorno. El pasado domingo, se perdió la vida de mexicanos, unos cumpliendo un deber para con el Estado mexicano, otros por un adoctrinamiento que ha dañado nuestra sociedad a gran escala.

Esperemos que la paz sea nuestra realidad constante; es lo que merecemos todas y todos.

Eppur si muove

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