Comentarios sobre la reforma electoral

  1. Toda reforma electoral aspira a ser el legado del gobierno en turno y del partido que lo postuló. Es natural. Las reglas para distribuir el conflicto y repartir el poder son necesarias, indispensables en los procesos democráticos.

Los estados modernos se caracterizan por respetar la vía legitimadora de la Constitución.

Es una legitimidad que surge del estatuto. Son electos por la voluntad popular a través del voto, pero están obligados ante el pacto social.

De esa manera la decisión sobre quién gobierna, en teoría no es un acto de fuerza sino una disputa reglamentada. Las leyes electorales son entonces el pavimento que orienta la carrera por el poder.

 Esta reforma electoral en particular será la contribución de Claudia Sheinbaum; al menos su interpretación del sistema que ella quiere heredar al país

Lo hace en el momento de mayor popularidad, diferente a lo que ha sucedido con otros presidentes, quienes no necesariamente estuvieron convencidos de cambiar las reglas del juego pero fueron «empujados» por la presión de la oposición y así se trazaron reformas políticas que paulatinamente nos han llevado al régimen que hoy tenemos.

  • La oposición está totalmente desdibujada. Sin rumbo ni capacidad política de reorganizarse, el partido que aparentemente podría contrastar es el PAN y está siendo víctima de su paso por el poder.

El PRI está lamentablemente secuestrado por una pandilla de rufianes que en su voracidad e ignorancia y con su actitud, sólo se convierten en comparsa del gobierno.

No hay oposición real para competir contra Morena, al menos no en lo que se refiere a partidos individualmente.

En este momento todos son marginales. La ruptura tendrá que surgir del interior y con esa propensión que los caracteriza al asambleísmo y a las tribus, ésta en cualquier momento puede llegar.

  • La gran noticia es la desaparición del sistema de plurinominales como lo conocemos en la actualidad.

Esta reforma pudiera alterar la correlación de fuerzas al interior de la coalición gobernante.

Lo que se exhibe es cierta inconformidad de los partidos satélite con la parte central de la reforma: quitar ciertos privilegios a las élites partidistas. A los de siempre, los dueños de los partidos y beneficiarios de las decisiones que se toman en cada uno.

Es evidente que no se van a dar un balazo en el pie. Con mucha claridad y bastante desvergüenza han expresado las elites de los partidos, como si fueran merecedores de títulos de realeza que no van a votar en favor de cambiar el sistema de plurinominales.

Por supuesto que no lo van a hacer, si esa es la única manera que tienen de acceder a la ubre.

El país cambió y los plurinominales no los deben decidir las cúpulas partidistas. Tienen que ser votados. Tanto diputados como senadores con la misma lógica: que lleguen aquellos quienes fueron a elección y, sin haber ganado, hayan obtenido las mejores votaciones de primera minoría.

En todo el mundo los sistemas electorales modernos se están decantando por ese modelo. De esta manera se sigue garantizando la presencia de las minorías, pero electas directamente.

El Senado no debe tener plurinominales. Es una contradicción a su existencia como institución de representación paritaria para los Estados. Todas las entidades de la república deben tener el mismo número de senadores y este es el momento para volver a ese sistema.

Los partidos en general no quieren aceptar que son caros e ineficientes. A sus dirigentes les encanta la ubre. Se tienen que ajustar a un modelo más austero. Las elecciones no deben ser tan caras en el país.

Es obvio que detrás de esta necesidad inaplazable de quitar recursos a partidos e instituciones electorales se va a fortalecer el que tiene más dinero: el partido en el gobierno, regalando programas sociales y si las dirigencias no estuvieran concentradas en la rapiña, deberían condicionar la reforma electoral a cambiar el sistema de apoyos a la gente y sancionar en verdad su uso partidista clientelar.

  • Todas las grandes reformas políticas han sido centralistas y esta no es la excepción desafortunadamente. A nadie le importan las particularidades de los estados.

De hecho, van a mantener la idea de nombrar a las autoridades electorales locales desde el centro en una decisión absurda que atenta contra el federalismo.

¿Se va a terminar la alianza de la coalición dominante si no le gusta al Verde y al PT? No necesariamente, al menos mientras ambas partes se necesiten.

El PT y Verde no tienen votos sin Morena y al Gobierno no le alcanza para sus reformas sin sus satélites aliados.

Este es, a final de cuentas, el panorama respecto de lo que puede pasar con la reforma electoral. Mientras tanto, nuestras grandes expectativas en el futuro como ciudadanos, siguen estando en que los políticos, de una vez por todas, estén a la altura de las circunstancias y hagan bien las cosas.

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