Neguemos el olvido

Tras el relato de las tropelías de la presidencia de AMLO debe haber consecuencias.

El título es una trampa presuntuosa: “Ni venganza ni perdón” es una paráfrasis de una frase de Borges que dice que el olvido es la única venganza y el único perdón. Así que el señor Scherer busca escapar del olvido, muy bien, hay que tomarle la palabra porque lo descrito en su libro merece no solamente memoria, también merece una republicana rendición de cuentas.

No es el conductor de espectáculos desnudando las intimidades frívolas de la estrella del día. Es un hombre que vivió en las entrañas del movimiento político que controla al país, un funcionario público de altísimo nivel que ejecutaba directamente la voluntad del presidente, quien voluntaria y públicamente relata por escrito un caudal de hechos que pueden ser constitutivos de delito. Es más, el subtitulo de la obra de Scherer podría muy bien ser “Compedio de casos ejemplares de delitos contra la administración pública y la procuración de justicia”.

Busquen un delito de esos y lo van a encontrar: ejercicio indebido del servicio público, peculado, desvío de recursos, prevaricación, coalición de servidores públicos, cohecho, nepotismo, violación de secretos, enriquecimiento ilícito, negligencia criminal y un larguísimo etcétera. Cuesta creer que un abogado confiese y acuse así, con desparpajo, en exceso, con prisa, casi lujuriosamente.

El libro de Scherer debe ser materia de múltiples carpetas de investigación. En él hay escándalos que por sí mismos derrocarían gobiernos, en cualquier país menos bananero que el que ha construido la 4T. Todos juntos debieran extinguir el movimiento. La autoridad, empezando por la presidente Sheinbaum, ha enfrentando el libro con cinismo y pretendida indiferencia. Tomar la “noticia criminal” de la realidad no se les da, ocupan denuncias y, muchas veces, ni con ellas actúan.

Por eso me pregunto, ¿y la oposición?. Puedo entender que esten dejando que el ciclo mediático de la presentación y el escándalo del libro se agote, pero eventualmente deben – espero – actuar legalmente. No porque ingenuamente creamos que la Fiscalía, más carnala que nunca, vaya a perseguir a los mencionados en el libro, sino para obligarlos a que laven en público la cara de sus compañeros de partido, que se vean obligados a mentir por ellos. Que queden evidenciados como lo que son: una institutición colonizada por el movimiento político, sumisa y dócil ante el poder. Con ello el actual gobierno recibirá su bien merecida dosis de realidad y de responsabilidad.

¿Y para qué? Para que no se repita. Para que no puedan venir otros políticos a cometer los mismos abusos cuando ocupen cargos semejantes. Para que la impunidad no sea total, que si libran la cárcel, reciban el estigma y por lo menos, que los abusivos no duerman tranquilos.

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